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  • Fue entonces cuando me di cuenta: cuando el mundo parecĂ­a oscuro y aterrador, el amor podĂ­a hacerte salir a bailar, la risa podĂ­a llevarse una parte del dolor, y la belleza podĂ­a erosionar el miedo. En aquel momento decidĂ­ que mi vida estarĂ­a llena de esas tres cosas. No solo por mi bien, sino por el de mi madre y el del resto de las personas que me rodean.
  • Es decir, empecĂ© a contarme a mĂ­ misma una bonita historia sobre mi vida, sobre el destino y sobre la forma en que suceden las cosas.
  • No sabĂ­a si yo me habĂ­a acercado a Ă©l, si Ă©l se habĂ­a acercado a mĂ­ o si nos habĂ­amos encontrado a medio camino.
  •  -Siempre cuesta mĂ¡s escribir cuando estĂ¡s obligado. Es como si... la presiĂ³n lo convirtiese en un trabajo como cualquier otro y, al mismo precio, podrĂ­as estar vendiendo seguros. De repente contar la historia pierde la urgencia.
  • Los finales felices no importan si el trayecto hasta ellos no vale nada.
  • Fue la primera vez que sentĂ­ alivio en semanas y, a partir de ese momento, leĂ­ sin parar todas las novelas romĂ¡nticas con las que pude hacerme. Y luego, sin planearlo, empecĂ© a escribir una, y esa sensaciĂ³n, la sensaciĂ³n de enamorarme perdidamente de una historia y de sus personajes cuando brotan de mĂ­, no se podĂ­a comparar con nada.
  • La primera vez que le detectaron cĂ¡ncer a mi madre, aprendĂ­ que el amor era una vĂ­a de escape, pero fue la segunda vez cuando aprendĂ­ que tambiĂ©n podĂ­a ser un salvavidas cuando te estabas ahogando.
  • Ahora le preocupaba que aquellas similitudes sacaran a la luz lo peor de ella. Tal vez ella, como su padre, fuese incapaz del amor que se habĂ­a pasado la vida persiguiendo.
  • De eso se trataba: yo me acordaba de las cosas como pensaba que habĂ­an sido, y luego estaba la verdad, Esa Verdad, que habĂ­a rasgado los recuerdos por la mitad como si fueran fotos.
  • -Oye, igual el motivo por el que no has podido terminar tu libro es que no dejas de preguntarte quĂ© quieren leer los demĂ¡s en lugar de quĂ© quieres escribir tĂº.
  • El Ăºltimo año de mi vida lo demostraba. PodĂ­a inventarme todas las historias que quisiera, pero daba igual si al final la historia no me enamoraba, si la historia no tenĂ­a la fuerza de un ciclĂ³n y me atrapaba. Eso era lo que siempre me habĂ­a gustado de leer, lo que me habĂ­a llevado a escribir. Esa sensaciĂ³n de que se estaba tejiendo un mundo nuevo a tu alrededor como una telaraña y tĂº no te podĂ­as mover hasta que se te revelara por completo.
  • QuerĂ­a hacer que Gus sintiera lo mismo. QuerĂ­a que se levantara al dĂ­a siguiente deseando escribir. Demostrarle lo difĂ­cil que era escribir una novela romĂ¡ntica era una cosa, y estaba segura de que lo acabarĂ­a viendo, pero conseguir que entendiera lo que tanto me gustaba del gĂ©nero -que leer y escribir era casi tan cautivador y transformativo como enamorarse de verdad- serĂ­a otro reto distinto.
  • Por fuera Ă©ramos muy diferentes, pero, en esencia, los dos querĂ­amos lo mismo: una vida envuelta de un halo de magia, cada momento mĂ¡s espectacular y resplandeciente y sabroso que el anterior.
  • Él me repetĂ­a una y otra vez que yo no era la misma, pero se equivocaba. Era la misma de siempre. Solo habĂ­a dejado de intentar emitir ese halo de luz en la oscuridad por Ă©l y por nadie.
  • Encajaba tan bien en la historia de amor que me habĂ­a imaginado para mĂ­ misma que lo tomĂ© por el amor de mi vida.
  • Pensaba que echar de menos a mi padre serĂ­a lo mĂ¡s difĂ­cil que harĂ­a en la vida, pero resultĂ³ peor, lo mĂ¡s difĂ­cil era estar enfadada con alguien con quien no podĂ­a hablar las cosas.
  •  -Supongo que... hace unos años, me di cuenta de que mi madre no era una niña. -Se encogiĂ³ de hombros-. Yo pensaba que estĂ¡bamos esperando el momento perfecto para marcharnos, pero ella nunca iba a marcharse. Nunca me dijo que fuera a hacerlo. PodrĂ­a habernos sacado de ahĂ­ y no lo hizo.
  • Por eso -murmurĂ³-. SĂ© que no era tan simple y, cuando hablo de este libro, le digo a la gente que quiero explorar <<los motivos por los que la gente se queda, sin importar lo que les cueste>>, pero la verdad es que quiero entender sus motivos.
  • <<No toda la gente errante anda perdida>>.
  • -No tienes por quĂ© contĂ¡rmelo -me dijo-, pero que sepas que puedes.
  • Se me cayĂ³ el alma a los pies. Yo no querĂ­a eso, por lo menos no ahora que habĂ­a visto que habĂ­a mĂ¡s. Si quisiera charlas triviales y conversaciones minadas de temas explosivos que no se podĂ­an tocar, llamarĂ­a a mi madre. Con Ă©l querĂ­a mĂ¡s. AsĂ­ era yo.
  • Pensaba... Pienso que es valiente creer en el amor. El amor duradero, digo. Buscarlo aunque sepas que puedes hacerte daño.
  • -No eran malas personas -dijo-. La mayorĂ­a no. Y no podĂ­a dejar que se llevaran esa impresiĂ³n. A veces... A veces las personas buenas o, por lo menos, decentes hacen cosas malas. Y a veces creen de verdad que lo que hacen estĂ¡ bien.
  • <<Tu madre ha sido muchas personas en los veinte años que hace que la conozco y he tenido la oportunidad de enamorarme de cada una de ellas, Janie. Esa es la clave del matrimonio. Hay que seguir enamorĂ¡ndose de cada nueva versiĂ³n del otro y es la mejor sensaciĂ³n del mundo>>.
  • -No sabes diferenciar entre pena y empatĂ­a -dije-. No me das pena. Me pone triste pensar que te trataran asĂ­. Me da rabia pensar que no tenĂ­as las cosas que merecen todos los niños. Y, sĂ­, me pone triste y me da rabia que mucha gente pase por lo mismo que tĂº pasaste, pero todavĂ­a es peor porque eres tĂº. Y te conozco y me caes bien y quiero que tengas una buena vida. Eso no es que me des pena, es que me importas.
  • A veces lo Ăºnico que podemos hacer es aferrarnos unos a otros hasta que la oscuridad nos escupe.
  • -No es que no quiera estar contigo, January... Siempre lo he querido. Es solo que tambiĂ©n quiero que seas feliz y me da miedo no llegar a ser nunca la persona que pueda hacerte feliz.
  • -Cuando quieres a alguien -dino vacilante-, quieres hacer que vea el mundo de otra forma, darle sentido a todo lo feo y multiplicar las cosas buenas. Eso es lo que tĂº haces. Por tus lectoras. Por mĂ­. Creas cosas bonitas porque amas el mundo y puede que el mundo no siempre sea como aparece en tus libros, pero... Creo que al escribirlos cambias un poquito el mundo. Y el mundo no puede permitirse perder algo asĂ­.
  • Tal vez aquella noche de sufrimiento me darĂ­a al menos un dĂ­a de alivio.
  • Fue solo otro buen dĂ­a. Un dĂ­a perfecto. Un felices por ahora tan grande y profundo que sabĂ­a -o, mĂ¡s bien, creĂ­a de verdad- que no tenĂ­a que preocuparme por el mañana.



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Me pregunto si alguien alguna vez se ha sentido como me he sentido yo. SĂ© que para todos es distinto es solo que al menos hoy, me lo vuelvo a preguntar.

Hace unas semanas me encontrĂ© con un vĂ­deo de una muchacha que mencionaba cĂ³mo se sentĂ­a, me sentĂ­ identificada porque justo ella mencionaba que es de un lugar pequeño donde las oportunidades se tienen que buscar fuera, al menos las que ella querĂ­a. Dice que se mudĂ³ para estudiar, luego se quedĂ³ un tiempo en la ciudad y no se sintiĂ³ del todo acoplada o bien y se regresĂ³ a su hogar, luego volviĂ³ a la ciudad y despuĂ©s se volviĂ³ a regresar a su pueblo y despuĂ©s de ello, de esas decisiones se dio cuenta lo que de verdad la llenaba y comenzĂ³ a hablar de Dios; no tengo entendido a quĂ© se dedica ni en dĂ³nde estĂ¡ ahora pero sus palabras, su anĂ©cdota se me quedĂ³ grabada porque justo es mi segundo intento en la ciudad despuĂ©s de graduarme. 

AĂºn no sĂ© exactamente quĂ© quiero hacer, si este camino es el mĂ­o. Lo Ăºnico de lo que estoy segura es que al menos esta vez siento que puedo contar con alguien. 

Me lleguĂ© a sentir fracasada, sola, lo Ăºnico que tenĂ­a en mĂ­ era tristeza, decepciĂ³n y coraje; pensĂ© en rendirme muchas veces y tal vez para los demĂ¡s lo lleguĂ© a hacer pero no para mĂ­ porque solo Dios y yo sabĂ­amos y sabemos todo lo que pasĂ© antes de mudarme y siento que realmente aprendĂ­, me costĂ³ muchĂ­simo, hay dĂ­as es lo que lo sigo pensando pero creo que he avanzado bastante; aprendĂ­ a descansar, a parar, en enfrentar mis sentimientos (aĂºn lo hago), a confiar (aĂºn me cuesta un poco). AĂºn con todo, sigo en el camino pero Dios estĂ¡ frente a mĂ­ y siento que me dice hacia dĂ³nde aunque lo cuestiono porque no entiendo pero si de algo estoy segura es de que no necesito entender sino confiar mientras avanzo. 





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  • A veces, Clarion se preguntaba cĂ³mo era sentir que pertenecĂ­as a algo, tener tantos semejantes con los que poder contar, semejantes que te comprendieran a la perfecciĂ³n.
  • DeberĂ­a querer aquello: respeto, deferencia, distancia imparcial. Pero no lo querĂ­a. Lo que mĂ¡s anhelaba en el mundo era lo Ăºnico que de verdad no podĂ­a tener: que la conocieran.
  • Las hadas consideraban que los dones eran algo que daba propĂ³sito y alegrĂ­a a los habitantes de la Tierra de las Hadas. Clarion tenĂ­a serias dudas de que su don fuera a fluir con esa facilidad.
  • <<¿CĂ³mo serĂ¡ estar tan seguro de lo que hacer en la vida? -se preguntĂ³-. ¿CĂ³mo serĂ¡ poder hablar de ello?>>
  • <<EstarĂ© esperĂ¡ndote cada atardecer todos los dĂ­as durante una semana>>
  • QuizĂ¡ lo que tratĂ© de decir es que no puedes culparte a ti cada vez que las cosas se tuerzan. Haz lo que puedas, pero es imposible solucionar por tu cuenta cada pequeño problema que pueda darse en la Tierra de las Hadas.
  • Hablaba con tanta sinceridad y esperanza que casi hacĂ­a que se ruborizara. La gratitud de Ă©l -el mero hecho de saber que alguien contaba con ella- era como un tesoro del que no deseaba separarse.
  • No creo que sepas lo que haces, pero he decido confiar en ti.
  • Por primera vez desde la apariciĂ³n de las Pesadillas, tenĂ­a un camino que seguir. AdemĂ¡s, habĂ­a algo penosamente cautivador en la idea de que Ă©l estuviera allĂ­, merodeando por la frontera en soledad a la espera de verla.
  • Ansiaba poner la mano sobre la de Ă©l, pero estaba paralizada. HabĂ­a pasado mucho tiempo deseando que alguien la viera; que la viera de verdad. Ahora tal vez habĂ­a ocurrido, comprendĂ­a cuĂ¡n terrible serĂ­a permitirlo, y cuĂ¡nto se complicarĂ­a la misiĂ³n si sucediera.
  • La primavera se trata de renacimientos -continĂºo Iris, serena-. Cuando las cosas parecen ponerse muy negras, los capullos de flor suponen chispas de esperanza. Se requiere tiempo para que las cosas florezcan. Solo sĂ© atenta y paciente. -Tras una pausa indecisa, señalĂ³ a Clarion con el dedo-. AsĂ­ que no te tortures. AcabarĂ¡s encontrĂ¡ndote, te lo prometo.

  • QuizĂ¡ no habĂ­a mĂ¡s hadas onĂ­ricas, pero si algo le habĂ­a enseñado Petra despuĂ©s de tantos años era que no existĂ­an los problemas irresolubles. Lo que pasaba era que no habĂ­an dado con la soluciĂ³n.
  • Si hay algo mĂ¡s fuerte que el miedo es la esperanza.
  • Porque naciste para esto. Puedo sentirlo cuando te miro. QuizĂ¡ sea tu magia. QuizĂ¡ seas tĂº. Sea lo que sea, te rodea un aura especial. Inspiras respeto, sĂ­, pero no es sĂ³lo eso; tambiĂ©n inspiras esperanza. No la sentĂ­a desde hace mucho tiempo.
  • Clarion nunca habĂ­a conocido a nadie con tanta predisposiciĂ³n para hacer promesas tan solemnes.
  • Lo que intento decir, creo, es que el verano nos anima a saborear el momento de la manera en que nosotros queramos.
  • Al igual que el verano, estos dĂ­as previos a tu ascenso al trono son muy fugaces. TĂ³matelo como un momento de tu vida en el que debes escucharte a ti misma y averiguar quĂ© quieres de verdad. En quiĂ©n deseas convertirte.
  • La miraba como si fuera una maravilla frente a la que asombrarse. Su expresiĂ³n se suavizĂ³ y se volviĂ³ mĂ¡s natural al darse cuenta de que ella lo observaba tambiĂ©n, como si no esperara que lo descubriera, pero tampoco le importaba demasiado. El anhelo de sus ojos y sus labios entreabiertos era inconfundible. Se dio cuenta de que ya la habĂ­a mirado de aquella manera en otra ocasiĂ³n: la primera vez que cruzĂ³ al Invierno. Se preguntĂ³ exactamente cuĂ¡nto tiempo hacĂ­a que querĂ­a besarla. Y se sintiĂ³ muy tonta por no haberse dado cuenta antes.
  • Con el tiempo lo entenderĂ¡s Clarion. Tu bondad es una virtud, pero tambiĂ©n te traerĂ¡ muchas complicaciones. No puedes sufrir tanto por los demĂ¡s.
  • AsĂ­ que perdĂ³nate a ti mismo porque esto habrĂ­a pasado de un modo u otro. Lo que pasa es que tu y yo tuvimos la mala suerte de ser quienes debieran que arreglar lo que nuestros predecesores ignoraron. Ambos invertimos tiempo y esfuerzo en intentar ser dignos sucesores. Pero tĂº eres bueno por ti mismo.

  • En medio del clamor y el bullicio de la batalla, encontrĂ³ su autĂ©ntico camino: Milori.

  • QuĂ© maravilla ser testigo del momento exacto en que Ă©l se enamorĂ³ de ella. Tal vez siempre la habĂ­a amado, en cierto modo, desde aquella noche en la se permitiĂ³ sentir esperanza de nuevo.

  • Clarion -dijo Ă©l, pronunciando su nombre como si fuera una plegaria-, comparadas con tu vida no me importan nada. HarĂ­a ese trato gustoso todas las veces que hiciera falta.

  • EnfĂ¡date si quieres -dijo Ă©l-. Pero no puedo perderte.

  • Uno nunca terminaba de sentirse del todo preparado a la hora de afrontar cosas importantes.

  • Clarion -le dijo Ă©l con un tono de voz acerado-. Yo no me arrepiento de lo que hice, y tampoco te culpo a ti por lo que pasĂ³. Lo volverĂ­a a hacer si se diera la ocasiĂ³n.

  • Lo amaba. QuizĂ¡ siempre estuvo destinada a amarlo, desde el preciso momento en que lo vio ahĂ­ de pie, en la frontera. ¿CĂ³mo no hacerlo? Adoraba la firmeza de su carĂ¡cter, su amabilidad, incluso esa valentĂ­a abnegada pero temeraria. Adoraba su sentido del humor irĂ³nico, y su fĂ©rreo sentido del deber para con su gente. TambiĂ©n lo amaba porque la habĂ­a liberado.

  • Creo en ti -le dijo Artemis-. En tu fuerza. En tu bondad. En tu forma de ver las cosas. Es un honor dedicar mi don a proteger a alguien como tĂº.

  • Pero ser reina no consistĂ­a en tomar decisiones sencillas, sino en tomar las correctas.

  • HarĂ¡s que todos tus sĂºbditos de adoren. Y aunque ya no estĂ© a tu lado, seguirĂ¡s teniĂ©ndome. Nunca habrĂ¡ una estrella mĂ¡s brillante. Y yo siempre te amarĂ©.








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En este momento siento mucho, estoy teniendo una recapitulaciĂ³n de todas mis decisiones mientras estoy terminando de empacar mis cosas. Me mudo. De nuevo. Ya no a la ciudad de antes, ahora una mĂ¡s cerca de mi pueblo y estarĂ© con familiares pero es extraño. 

Siento que muy pocas personas hablan de este tema. Cuando me fui a estudiar a la universidad, lejos de mi pueblo, solo podĂ­a visitar a mi familia cada quince dĂ­as, un dĂ­a y medio el fin de semana; esperaba las vacaciones para poder estar en mi casa con mi familia y siempre era muy duro regresar a la ciudad despuĂ©s de estar un mes entero con ellos, eso es algo que me costĂ³ mucho. Lloraba los primeros dĂ­as y me sentĂ­a muy sola, pero querĂ­a estudiar, formar mi camino. La universidad lo hizo mĂ¡s llevadero y algunos de mis amigos y compañeros tambiĂ©n. 

DespuĂ©s, cuando me recibĂ­ y comencĂ© a trabajar, me sentĂ­ muy diferente. Me di cuenta lo mucho que extraño estudiar, demasiado. Encontrar un trabajo reciĂ©n egresados es muy complicado, sobre todo porque en lo personal, como forĂ¡nea, tenĂ­a que encontrar uno que me pagara lo justo porque tenĂ­a que pagar renta y bĂ¡sicamente solventar mis gastos. Cuando por fin encontrĂ© un trabajo de lo que me gusta, no se sintiĂ³ tan bien, tanto por el ambiente laboral como el hecho de que ya no veĂ­a a nadie, nadie de mi edad o con quiĂ©n tuviera algĂºn apoyo, era raro porque todos estĂ¡bamos intentando abrirnos un camino laboral y los horarios eran y son horribles. 

Yo no quiero vivir para trabajar, quiero trabajar para vivir. AsĂ­ que renunciĂ© a ese trabajo, muchos me criticaron y juzgaron porque tenĂ­a buena paga, era independiente, vivĂ­a en la ciudad pero yo no era feliz, busquĂ© apoyo pero no me lo dieron, al menos no quiĂ©nes esperaba y eso lo hizo mĂ¡s difĂ­cil. No querĂ­a estar asĂ­, infeliz. Mi familia al principio lo entendiĂ³ pero cuando comenzaron a pasar los meses y yo seguĂ­ buscando trabajo en mi pueblo o remoto, comenzaron a criticar mi decisiĂ³n, escuchĂ© como mi familia y incluso yo, justificaba el hecho de que me habĂ­a regresado de la ciudad cuando tenĂ­a lo que muchos querĂ­an y la verdad es que me costĂ³ muchĂ­simo tanto encontrar un lugar como irme, asĂ­ que ya no me da vergĂ¼enza, fue mi esfuerzo y solo yo sĂ© lo que estaba viviendo allĂ¡. 

Ahora, despuĂ©s de descansar, llorar, intentar alentarme durante meses, tambiĂ©n aprendĂ­ a confiar y parar un poco. Me di cuenta, de que sĂ­ necesitaba parar. Descansar. Ahora mismo, voy a volver a comenzar a intentar abrirme camino laboral, ahora a una hora de mi pueblo, asĂ­ que lo intentarĂ© pero eso no quita el hecho de que justo en estos momentos estoy teniendo miedo. Siento nostalgia y ya no quiero irme de mi casa, me pregunto ¿por quĂ© los que vivimos en pueblos tenemos que irnos? y yo sĂ© que estĂ¡n las redes y todo y un montĂ³n de cosas pero la realidad es que no es fĂ¡cil, desde mi experiencia, lo intentĂ© y sĂ­, lo seguirĂ© intentando pero me cuesta porque soy tĂ­mida y me causa sobre pensamiento estar en redes. 

El hecho de ver mi maleta ya hecha me da tanto sentimiento, sĂ© que no serĂ¡ lo mismo que antes, confiĂ³ en que serĂ¡ bueno y que aprenderĂ© mucho, solo que no puedo evitar sentirme rara y pensarlo mucho despuĂ©s de volver a estar en mi casa tanto tiempo. De verdad que solo estoy confiando porque ya no tengo un plan, cuando lo tuve y me aferrĂ©, me lastimaron. Luego de meses, lo volverĂ© a intentar. Otro trabajo, otra ciudad, otra mudanza pero tambiĂ©n otra aventura que me abrirĂ¡ camino a un plan mayor que tal vez no entiendo pero lo irĂ© descubriendo.  

Pido a Dios por buenas personas a mi alrededor y tambiĂ©n ser una de ellas, por buenos amigos, buenas experiencias y tambiĂ©n fortaleza para continuar. Tengo miedo, pero lo harĂ© con miedo. TrabajarĂ© para vivir, no al revĂ©s. SerĂ¡ asĂ­. 



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Layla

¡Hola! Soy la creadora de Letras para lectores, publicarĂ© con el seudĂ³nimo de Layla. Soy una artista, lectora y diseñadora apasionada, creativa y soñadora.
Con este blog, busco expresar con palabras lo que siento.

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